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11月20日

Circus › Lenny Kravitz › Circus › 1995


One day while I was searching
For what I'll never find
She walked into my story
Said she could change my mind
This is the final offer
She said to make it quick
Don't lose out on this wonder
So I had to place my bet

Welcome to the picture show
Watching your life
Never know which way to go
It might not be right
So you better be strong

What kind of circus is this?
What kind of fools are we?
When is the final curtain?
What can I do to set me free?

Welcome to the real world
You better be strong
Never know which way to go
It might end up wrong
So you better be strong

Too many games we have to play
They always change the rules
You and me just trying to get along
What can I do?
Got to be strong
She walked into my daydream
She told me how it had to be

Welcome to the picture show
Watching your life
Never know which way to go
It might not be right
Welcome to the real world
It might end up wrong
So you better be strong
You got to be strong
You better be strong


11月9日

Piensa en mí › Luz Casal › A contraluz › 1991


Si tienes un hondo penar
piensa en mí;
si tienes ganas de llorar
piensa en mí.
Ya ves que venero
tu imagen divina,
tu párvula boca
que siendo tan niña,
me enseñó a besar.

Piensa en mí
cuando beses,
cuando llores
también piensa en mí.

Cuando quieras
quitarme la vida,
no la quiero para nada,
para nada me sirve sin ti.

Para R.

11月3日

Los nadies, por Eduardo Galeano.


Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.

Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:

Que no son, aunque sean.

Que no hablan idiomas, sino dialectos.

Que no profesan religiones, sino supersticiones.

Que no hacen arte, sino artesanía.

Que no practican cultura, sino folklore.

Que no son seres humanos, sino recursos humanos.

Que no tienen cara, sino brazos.

Que no tienen nombre, sino número.

Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.


10月25日

Hymne à la Beauté.


Viens-tu du ciel profond ou sors-tu de l'abîme,
O Beauté? ton regard, infernal et divin,
Verse confusément le bienfait et le crime,
Et l'on peut pour cela te comparer au vin.

Tu contiens dans ton oeil le couchant et l'aurore;
Tu répands des parfums comme un soir orageux;
Tes baisers sont un philtre et ta bouche une amphore
Qui font le héros lâche et l'enfant courageux.

Sors-tu du gouffre noir ou descends-tu des astres?
Le Destin charmé suit tes jupons comme un chien;
Tu sèmes au hasard la joie et les désastres,
Et tu gouvernes tout et ne réponds de rien

Tu marches sur des morts, Beauté, dont tu te moques;
De tes bijoux l'Horreur n'est pas le moins charmant,
Et le Meurtre, parmi tes plus chères breloques,
Sur ton ventre orgueilleux danse amoureusement.

L'éphémère ébloui vole vers toi, chandelle,
Crépite, flambe et dit: Bénissons ce flambeau!
L'amoureux pantelant incliné sur sa belle
A l'air d'un moribond caressant son tombeau.

Que tu viennes du ciel ou de l'enfer, qu'importe,
Ô Beauté! monstre énorme, effrayant, ingénu!
Si ton oeil, ton souris, ton pied, m'ouvrent la porte
D'un Infini que j'aime et n'ai jamais connu?

De Satan ou de Dieu, qu'importe? Ange ou Sirène,
Qu'importe, si tu rends, — fée aux yeux de velours,
Rythme, parfum, lueur, ô mon unique reine! —
L'univers moins hideux et les instants moins lourds?

Charles Baudelaire.


10月4日

Conducta en los velorios, por Julio Cortázar.

 
   No vamos por el anís, ni porque hay que ir. Ya se habrá sospechado: vamos porque no podemos soportar las formas más solapadas de la hipocresía. Mi prima segunda, la mayor, se encarga de cerciorarse de la índole del duelo, y si es de verdad, si se llora porque llorar es lo único que les queda a esos hombres y a esas mujeres entre el olor a nardos y a café, entonces nos quedamos en casa y los acompañamos desde lejos. A lo sumo mi madre va un rato y saluda en nombre de la familia; no nos gusta interponer insolentemente nuestra vida ajena a ese dialogo con la sombra. Pero si de la pausada investigación de mi prima surge la sospecha de que en un patio cubierto o en la sala se han armado los trípodes del camelo, entonces la familia se pone sus mejores trajes, espera a que el velorio este a punto, y se va presentando de a poco pero implacablemente.
   En Pacífico las cosas ocurren casi siempre en un patio con macetas y música de radio. Para estas ocasiones los vecinos condescienden a apagar las radios, y quedan solamente los jazmines y los parientes, alternándose contra las paredes. Llegamos de a uno o de a dos, saludamos a los deudos, a quienes se reconoce fácilmente porque lloran apenas ven entrar a alguien, y vamos a inclinarnos ante el difunto, escoltados por algún pariente cercano. Una o dos horas después toda la familia esta en la casa mortuoria, pero aunque los vecinos nos conocen bien, procedemos como si cada uno hubiera venido por su cuenta y apenas hablamos entre nosotros. Un método preciso ordena nuestros actos, escoge los interlocutores con quienes se departe en la cocina, bajo el naranjo, en los dormitorios, en el zaguán, y de cuando en cuando se sale a fumar al patio o a la calle, o se da una vuelta a la manzana para ventilar opiniones políticas y deportivas. No nos lleva demasiado tiempo sondear los sentimientos de los deudos más inmediatos, los vasitos de caña, el mate dulce y los Particulares livianos son el puente confidencial; antes de media noche estamos seguros, podemos actuar sin remordimientos. Por lo común mi hermana la menor se encarga de la primera escaramuza; diestramente ubicada a los pies del ataúd, se tapa los ojos con un pañuelo violeta y empieza a llorar, primero en silencio, empapando el pañuelo a un punto increíble, después con hipos y jadeos, y finalmente le acomete un ataque terrible de llanto que obliga a las vecinas a llevarla a la cama preparada para esas emergencias, darle a oler agua de azahar y consolarla, mientras otras vecinas se ocupan de los parientes cercanos bruscamente contagiados por la crisis. Durante un rato hay un amontonamiento de gente en la puerta de la capilla ardiente, preguntas y noticias en voz baja, encogimientos de hombros por parte de los vecinos. Agotados por un esfuerzo en que han debido emplearse a fondo, los deudos amenguan en sus manifestaciones, y en ese mismo momento mis tres primas segundas se largan a llorar sin afectación, sin gritos, pero tan conmovedoramente que los parientes y vecinos sienten la emulación, comprenden que no es posible quedarse así descansando mientras extraños de la otra cuadra se afligen de tal manera, y otra vez se suman a la deploración general, otra vez hay que hacer sitio en las camas, apantallar a señoras ancianas, aflojar el cinturón a viejitos convulsionados. Mis hermanos y yo esperamos por lo regular este momento para entrar en la sala mortuoria y ubicarnos junto al ataúd. Por extraño que parezca estamos realmente afligidos, jamás podemos oír llorar a nuestras hermanas sin que una congoja infinita nos llene el pecho y nos recuerde cosas de la infancia, unos campos cerca de Villa Albertina, un tranvía que chirriaba al tomar la curva en la calle General Rodríguez, en Bánfield, cosas así, siempre tan tristes. Nos basta ver las manos cruzadas del difunto para que el llanto nos arrase de golpe, nos obligue a taparnos la cara avergonzados, y somos cinco hombres que lloran de verdad en el velorio, mientras los deudos juntan desesperadamente el aliento para igualarnos, sintiendo que cueste lo que cueste deben demostrar que el velorio es el de ellos, que solamente ellos tienen derecho a llorar así en esa casa. Pero son pocos, y mienten (eso lo sabemos por mi prima segunda la mayor, y nos da fuerzas). En vano acumulan los hipos y los desmayos, inútilmente los vecinos más solidarios los apoyan con sus consuelos y sus reflexiones, llevándolos y trayéndolos para que descansen y se reincorporen a la lucha. Mis padres y mi tío el mayor nos reemplazan ahora, hay algo que impone respeto en el dolor de estos ancianos que han venido desde la calle Humboldt, cinco cuadras contando desde la esquina, para velar al finado. Los vecinos más coherentes empiezan a perder pie, dejan caer a los deudos, se van a la cocina a beber grapa y a comentar; algunos parientes, extenuados por una hora y media de llanto sostenido, duermen estertorosamente. Nosotros nos relevamos en orden, aunque sin dar la impresión de nada preparado; antes de las seis de la mañana somos los dueños indiscutidos del velorio, la mayoría de los vecinos se han ido a dormir a sus casas, los parientes yacen en diferentes posturas y grados de agotamiento, el alba nace en el patio. A esa hora mis tías organizan enérgicos refrigerios en la cocina, bebemos café hirviendo, nos miramos brillantemente al cruzarnos en el zaguán o los dormitorios; tenemos algo de hormigas yendo y viniendo, frotándose las antenas al pasar. Cuando llega el coche fúnebre las disposiciones están tomadas, mis hermanas llevan a los parientes a despedirse del finado antes del cierre del ataúd, los sostienen y confortan mientras mis primas y mis hermanos se van adelantando hasta desalojarlos, abreviar el ultimo adiós y quedarse solos junto al muerto. Rendidos, extraviados, comprendiendo vagamente pero incapaces de reaccionar, los deudos se dejan llevar y traer, beben cualquier cosa que se les acerca a los labios, y responden con vagas protestas inconsistentes a las cariñosas solicitudes de mis primas y mis hermanas. Cuando es hora de partir y la casa está llena de parientes y amigos, una organización invisible pero sin brechas decide cada movimiento, el director de la funeraria acata las órdenes de mi padre, la remoción del ataúd se hace de acuerdo con las indicaciones de mi tío el mayor. Alguna que otra vez los parientes llegados a último momento adelantan una reivindicación destemplada; los vecinos, convencidos ya de que todo es como debe ser, los miran escandalizados y los obligan a callarse. En el coche de duelo se instalan mis padres y mis tíos, mis hermanos suben al segundo, y mis primas condescienden a aceptar a alguno de los deudos en el tercero, donde se ubican envueltas en grandes pañoletas negras y moradas. El resto sube donde puede, y hay parientes que se ven precisados a llamar un taxi. Y si algunos, refrescados por el aire matinal y el largo trayecto, traman una reconquista en la necrópolis, amargo es su desengaño. Apenas llega el cajón al peristilo, mis hermanos rodean al orador designado por la familia o los amigos del difunto, y fácilmente reconocible por su cara de circunstancias y el rollito que le abulta el bolsillo del saco. Estrechándole las manos, le empapan las solapas con sus lágrimas, lo palmean con un blando sonido de tapioca, y el orador no puede impedir que mi tío el menor suba a la tribuna y abra los discursos con una oración que es siempre un modelo de verdad y discreción. Dura tres minutos, se refiere exclusivamente al difunto, acota sus virtudes y da cuenta de sus defectos, sin quitar humanidad a nada de lo que dice; está profundamente emocionado, y a veces le cuesta terminar. Apenas ha bajado, mi hermano el mayor ocupa la tribuna y se encarga del panegírico en nombre del vecindario, mientras el vecino designado a tal efecto trata de abrirse paso entre mis primas y hermanas que lloran colgadas de su chaleco. Un gesto afable pero imperioso de mi padre moviliza al personal de la funeraria; dulcemente empieza a rodar el catafalco, y los oradores oficiales se quedan al pie de la tribuna, mirándose y estrujando los discursos en sus manos húmedas. Por lo regular no nos molestamos en acompanar al difunto hasta la bóveda o sepultura, sino que damos media vuelta y salimos todos juntos, comentando las incidencias del velorio. Desde lejos vemos cómo los parientes corren desesperadamente para agarrar alguno de los cordones del ataúd y se pelean con los vecinos que entre tanto se han posesionado de los cordones y prefieren llevarlos ellos a que los lleven los parientes.

de "Historias de Cronopios y de Famas", 1962.

10月2日

Rosaura a las diez, por Marco Denevi (1955). Fragmento.


-Hay a lo mejor en el gallinero un trozo de comida, pudriéndose en el barro. Ninguna lo
recoge. Pero basta que una empiece a picotearlo, para que todas se lo disputen y corran por el
gallinero quitándose unas a otras el pedazo de bazofia, y hasta son capaces de pelearse por él y de
ensangrentarse las crestas. Sí, señor. Sí, señor. Usted lo ha adivinado. La fábula de Rosaura tuvo un
fin. Quise que una primera mujer picoteara en mi bazofia, porque yo sabía que en seguida se
despertaría el interés de las demás, y como esa primera mujer no podía ser de carne y hueso, como
una mujer de carne y hueso no aparecía, la inventé. La inventé para quebrar la ley de la indiferencia.

»Ah, sí, señor. Algunos se quejan del odio. Pero ésos ignoran que la indiferencia es más terrible
que el odio. Porque el odio es como un fuego que quiere destruir, pero quiere destruir a quien
considera alguien. El mismo hecho de que quiera destruirlo le hace al menos la justicia de
reconocerle un valor. Pero la indiferencia no. La indiferencia es un hielo, un hielo que, mientras lo
momifica, le perdona la vida, se la perdona nada más que para eso, para que usted se sienta momia,
se sepa momia, en el frío y en la oscuridad de un sarcófago. La indiferencia lo convierte a usted en
un cero, en esa nada de la serie aritmética, que no suma, ni resta, ni multiplica, ni divide, que no
agrega ni quita y está fuera de todas las operaciones. Porque uno preferiría a veces ser un número
negativo, que restase siempre, no importa, pero que, temido u odiado, entrara en los cálculos.

»Ah, sí, señor, sí señor. Yo era para ellas esa nada, ese cero. No, yo no era para ellas el tío
solterón. No, peor todavía. Yo era el ayo sin sexo y sin instintos, delante del cual podían hablar de
sí mismas y de los hombres como si estuviesen solas. Sí, a mí podían mostrarme un rostro sin
afeites, un rostro de entrecasa, y en mi presencia podían cruzar despreocupadamente las piernas,
porque yo no iba a espiarles el muslo. Y si hubieran sorprendido en mí una mirada de hombre, se
hubiesen enfurecido terriblemente, como de una inmoralidad, o tal vez se habrían reído a
carcajadas, como de la cosa más comiquísima, como de un bar automático que, al introducir la
moneda, soltase piropos en lugar de sandwiches de jamón y queso. ¿Y por qué? ¿Por qué en mí
parecía vil o ridículo lo que en otro era su orgullo o su fuerza?

Un día las oí hablar de mí, cuando ya andaban con la curiosidad picada por las cartas de
Rosaura. “Camilo no piensa en esas cosas”, decían. “Camilo no esté hecho para esas cosas”. Pero
yo no pienso en mis uñas, y mis uñas igual crecen. ¿Qué es lo que de mí no estaba hecho para esas
cosas? La arquitectura de mi materia física. Pero de arquitectura conoce sólo el arquitecto, no el
edificio. El edificio no siente su arquitectura. Siente su piedra, su mármol o su adobe. Y yo me
sentía mi carne y mi sangre. Yo vivía mi carne y mi sangre. Pero unos a otros nos aprehendemos
por la forma y pensamos estúpidamente que la forma es siempre el signo fiel de la sustancia. ¿Y
cuando no lo es? ¿Cuando la forma expresa lo contrario de lo que es la sustancia? ¿Cuando la forma
traiciona a la sustancia? ¿Quién mitiga ese error? El jorobado y el enano que la gente ve pasar a su
lado tal vez sean más infelices que lo que la gente cree, porque la gente cree que el ser del enano y
del jorobado también es enano y jorobado. Y quizá no, quizá no. Quizá el ser del contrahecho sea el
mismo ser del hermoso, pero pretendemos que el contrahecho viva según su forma. Ahí está la
tragedia, porque la forma no se vive, la forma se percibe, y se percibe desde fuera. Lo que cada uno
vive es su sustancia.

Pero ¿quién convence a Francesca? Je, je, ¿quién convence a Francesca de que el amor de
Giovanni tal vez sea superior al amor de Paolo (*)? No, no. Para Francesca son los ojos luminosos de
Paolo, es la voz dulce de Paolo, es la belleza de Paolo lo que hace luminoso y dulce y bello el amor
de Paolo. Y es la joroba de Giovanni la que envilece el amor de Giovanni. Y todos aprobamos el
juicio de Francesca. Y toda nuestra simpatía y nuestro perdón son para Paolo. Cuando Dante lo
encuentra con Francesca en el Infierno, desfallece de piedad por ambos, y quisiera tenderles una
mano y arrebatarlos del fuego que los devora, y todos querríamos lo mismo. Pero si hallásemos a
Giovanni, lo maldeciríamos, llamándolo Caín, o nos apartaríamos de él con horror y, si pudiéramos,
añadiríamos nuevos castigos a su castigo. Azufre y condenación para el asesino. El último círculo
del Infierno para su figura oprobiosa. Y compasión, compasión para los adúlteros. No, que
Giovanni no espere piedad de nadie. Y de Francesca menos todavía, todavía menos de Francesca.
Su amor, para Francesca, es un ultraje, y su dolor, un escarnio. Y sin embargo, ¡quién sabe, quién
sabe! Tal vez Giovanni amó a Francesca como no supo amarla Paolo. Tal vez su amor fue más
terrible y más sublime, porque era más desesperado y porque se alzaba por encima de todo, incluso
por encima de su propia vergüenza, y no estaba defendido, como el del hermano, por la belleza y la
correspondencia. Tal vez, en lo alto de su torre, el pobre Giovanni haya sollozado mucho por
Francesca, y cada lágrima suya contuviese más amor a Francesca que todo el amor de Paolo. Pero,
¿quién quiere saber lo que ocurre en la torre? ¿A quién interesa el corazón de Giovanni? Es su
joroba, y no su corazón la que sale a escena. El que tiene esa joroba, ¿ha de tener también corazón?
No, no, la joroba nos absuelve de considerar el corazón. La joroba de Giovanni lo obliga a ser sólo
la sombra siniestra que espía a los amantes, mientras ellos, ennoblecidos de belleza, adornados de
juventud, juntas las frentes, entrelazadas las manos, leen el libro de Lanzarote (**). Su fealdad, la
fealdad de Giovanni, es un telón de fondo, todo negro, todo negro, sin rostro, sin nombre, sin
fisonomía, hecho únicamente para que destaque más puro, más pálido, más bello el perfil de Paolo
y de Francesca.

»Y nosotros sólo vemos a Paolo y a Francesca. Sólo ellos dos tienen corazón, y sólo por ellos
dos late nuestro propio corazón. Los dos son jóvenes y hermosos y, por tanto, poseen todas las
excelsitudes. Que nadie sospeche que Paolo pueda ser un lindo pisaverde, hábil para el falaz
galanteo, pero necio y presumido, ni que Francesca sea una holgazana sensual. No, no, que nadie
cometa ese sacrilegio. Paolo y Francesca son jóvenes y hermosos. Entonces, basta. Todas las
disculpas para ellos, todas las complicidades, todos los perdones. Una luna a la ventana, vino dulce
en una jarra, perfumes de Bizancio en un pebetero. La alcoba de Francesca a media luz. Y Paolo en
la alcoba de Francesca. ¿Por qué Giovanni no se quedó en su torre? ¿Por qué no se encerró allá
arriba, entre sus infolios y sus probetas? ¿Por qué, él, que era jorobado, quiso también ser hombre,
marido, caballero, y sentir amor, y tener dignidad y honor? Y desciende, desciende de su torre, por
la escalera de piedra, desciende siempre, sin ruido, lentamente, hacia la alcoba de los amantes. Su
boca tiembla, pero es una boca tan horrible la suya, es un belfo tan repugnante, que su temblor es el
temblor del pérfido y del monstruo. Abajo, en la alcoba de Francesca, también la boca de Paolo
tiembla, pero los labios de Paolo son como dos pétalos de rosa y embriagan a Francesca. La mirada
de Giovanni, mientras desciende, brilla, pero sus ojos son pequeños y miopes, y enturbian su brillo,
y hacen que ese brillo sea un fulgor malvado. En la alcoba de Francesca, los ojos de Paolo brillan,
también, pero los ojos de Paolo son dos diamantes puros, dos joyas cálidas, y Francesca queda
deslumbrada. Giovanni habla solo, pero sus palabras son torpes, su voz es áspera, y un hilo de baba
le cae de entre los labios. Abajo, Paolo habla a Francesca, y sus palabras suenan como una música
triste, y Francesca cierra los ojos, en un éxtasis.

»Hasta que Giovanni llega a la cámara de Francesca y levanta el puñal. Y mientras Paolo posee
a Francesca, Giovanni mata a Francesca. Cada cual a su juego. Y nosotros al nuestro. Piedad para
los adúlteros y condenación para el asesino.

(*) En "La verdad sobre Francesca y Paolo" (incluido en Falsificaciones, 1966, 1969 y 1977), Denevi cita como ejemplos de únicas lecturas distintas del adulterio de Francesca a la de Leopoldo Lugones en Lunario sentimental, y a la suya propia. Las interpretaciones tradicionales se apoyan en el canto V del Infierno de Dante y en el cuento "Trattatello", del Decamerón de Boccaccio.

(**) Lanzarote del Lago es uno de los caballeros de la Mesa Redonda. El hada Viviana lo crió en el fondo de un lago. Una variante de este tema, con el título de "Los silencios de Lanzarote y Ginebra", reaparece en Falsificaciones, 1966, 1969 y 1977.

Himno nacional argentino (Original de 1812)


Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos,
o juremos con gloria morir.

¡Oíd, mortales!, el grito sagrado
libertad, libertad, libertad!
Oíd el ruido de rotas cadenas
ved el trono a la noble igualdad.
Se levanta a la faz de la Tierra
una nueva y gloriosa Nación
coronada su sien de laureles
y a sus plantas rendido un león.

Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos,
o juremos con gloria morir.

De los nuevos campeones los rostros
Marte mismo parece animar
la grandeza se anida en sus pechos
a su marcha todo hacen temblar.
Se conmueven del Inca las tumbas
y en sus huesos revive el ardor
lo que ve renovando a sus hijos
de la Patria el antiguo esplendor.

Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos,
o juremos con gloria morir.

Pero sierras y muros se sienten
retumbar con horrible fragor
todo el país se conturba por gritos
de venganza, de guerra y furor.
En los fieros tiranos la envidia
escupió su pestífera hiel.
Su estandarte sangriento levantan
provocando a la lid más cruel.

Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos,
o juremos con gloria morir.

¿No los veis sobre Méjico y Quito
arrojarse con saña tenaz,
y cuál lloran bañados en sangre
Potosí, Cochabamba y La Paz?
¿No los veis sobre el triste Caracas
luto y llantos y muerte esparcir?
¿No los veis devorando cual fieras
todo pueblo que logran rendir?

Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos,
o juremos con gloria morir.

A vosotros se atreve, argentinos
el orgullo del vil invasor.
Vuestros campos ya pisa contando
tantas glorias hollar vencedor.
Mas los bravos que unidos juraron
su feliz libertad sostener,
a estos tigres sedientos de sangre
fuertes pechos sabrán oponer.

Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos,
o juremos con gloria morir.

El valiente argentino a las armas
corre ardiendo con brío y valor,
el clarín de la guerra, cual trueno,
en los campos del Sud resonó.
Buenos Aires se pone a la frente
de los pueblos de la ínclita Unión,
y con brazos robustos desgarran
al ibérico altivo león.

Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos,
o juremos con gloria morir.

San José, San Lorenzo, Suipacha.
Ambas Piedras, Salta y Tucumán,
la colonia y las mismas murallas
del tirano en la Banda Oriental,
son letreros eternos que dicen:
aquí el brazo argentino triunfó,
aquí el fiero opresor de la Patria
su cerviz orgullosa dobló.

Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos,
o juremos con gloria morir.

La victoria al guerrero argentino
con sus alas brillantes cubrió,
y azorado a su vista el tirano
con infamia a la fuga se dio;
sus banderas, sus armas se rinden
por trofeos a la Libertad,
y sobre alas de gloria alza el Pueblo
trono digno a su gran Majestad.

Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos,
o juremos con gloria morir.

Desde un polo hasta el otro resuena
de la fama el sonoro clarín,
y de América el nombre enseñando
les repite: ¡Mortales, oíd!
Ya su trono dignísimo abrieron
las Provincias Unidas del Sud!
Y los libres del mundo responden:
¡Al gran Pueblo Argentino, salud!

Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos,
o juremos con gloria morir.

Letra: Vicente López y Planes
Música: Blas Parera

Vicente López y Planes (1785-1856), poeta de la literatura de Mayo. Se graduó en Derecho en la Universidad de Chuquisaca.

Blas Parera, español, maestro de piano y violín. En 1860, Juan Esnaola realizó algunos cambios a la música del Himno basándose en manuscritos de su autor. Los arreglos fueron aceptados como versión definitiva en 1944.

El himno fue ejecutado por primera vez en la casa de Mariquita Sánchez de Thompson.

El 30 de marzo de 1900, el Poder Ejecutivo decreta que se canten sólo la primera y última cuarteta más el coro.

9月27日

Lucha De Gigantes › Nacha Pop › El momento › 1987


Lucha de gigantes
convierte,
el aire en gas natural
un duelo salvaje
advierte,
lo cerca que ando de entrar
En un mundo descomunal
siento mi fragilidad.

Vaya pesadilla
corriendo,
con una bestia detras
dime que es mentira todo,
un sueno tonto y no mas
Me da miedo la enormidad
donde nadie oye mi voz.

Deja de enganar
no quieras ocultar
que has pasado sin tropezar
monstruo de papel
no se contra quien voy
o es que acaso hay alguien mas aqui?

Creo en los fantasmas terribles
de algun extrano lugar
y en mis tonterias
para hacer tu risa estallar

En un mundo descomunal
siento tu fragilidad.

Deja de enganar
no quieras ocultar
que has pasado sin tropezar
monstruo de papel
no se contra quien voy
o es que acaso hay alguien mas aqui?

Deja que pasemos sin miedo.

The Fear › Lily Allen › It's Not Me It's You › 2009


I want to be rich and I want lots of money
I don't care about clever I don't care about funny
I want loads of clothes and i want fuckloads of diamonds
I heard people die while they are trying to find them

And i'll take my clothes off and it will be shameless
Cuz everyone knows that's how you get famous
I'll look at the sun and I'll look in the mirror
I'm on the right track yeah I'm on to a winner

I don't know what's right and what's real anymore
I don't know how I'm meant to feel anymore
When do you think it will all become clear?
'Cuz I'm being taken over by the fear

Life's about film stars and less about mothers
It's all about fast cars concussing each other
But it doesn't matter cause I'm packing plastic
and that's what makes my life so fucking fantastic

And I am a weapon of massive consumption
And its not my fault it's how I'’m programmed to function
I'll look at the sun and I'll look in the mirror
I'm on the right track yeah we're on to a winner

I don't know what's right and what's real anymore
I don't know how I'm meant to feel anymore
When do you think it will all become clear?
'Cuz I'm being taken over by the fear

Forget about guns and forget ammunition
Cause I'm killing them all on my own little mission
Now I'm not a saint but I'm not a sinner
Now everything's cool as long as I'm gettin thinner

I don't know what's right and what's real anymore
I don't know how I'm meant to feel anymore
When do you think it will all become clear?
'Cause I'm being taken over by fear

9月13日

It's Not Your Birthday Anymore › Morrisey › Years of Refusal › 2009

 
Your voice it might say 'no'
but the heart has a will of its own
your voice it might say 'no'
but the heart has a heart of its own
It's not your birthday anymore
there's no need to be kind to you
and the will to see you smile and belong has now gone
It's not your birthday anymore
did you really think we meant
all those syrupy, sentimental things
that we said?
It cannot be given
and so it must be taken
it cannot be given
and so it must be taken
All the gifts that they gave can't compare in any way to the love I am now giving to you right here right now on the floor
all the gifts that they gave can't compare in any way to the love I am now giving to you right here right now on the floor
It's not your birthday anymore
there's no need to be kind to you
and the will to see you smile and belong has now gone
It's not your birthday anymore
did you really think we meant
all those syrupy, sentimental
things that we said yesterday?
 
9月5日

Fitter Happier › Radiohead › OK Computer › 1997

 
Fitter, happier, more productive,
comfortable,
not drinking too much,
regular exercise at the gym
(3 days a week),
getting on better with your associate employee contemporaries,
at ease,
eating well
(no more microwave dinners and saturated fats),
a patient better driver,
a safer car
(baby smiling in back seat),
sleeping well
(no bad dreams),
no paranoia,
careful to all animals
(never washing spiders down the plughole),
keep in contact with old friends
(enjoy a drink now and then),
will frequently check credit at (moral) bank (hole in the wall),
favors for favors,
fond but not in love,
charity standing orders,
on Sundays ring road supermarket
(no killing moths or putting boiling water on the ants),
car wash
(also on Sundays),
no longer afraid of the dark or midday shadows
nothing so ridiculously teenage and desperate,
nothing so childish - at a better pace,
slower and more calculated,
no chance of escape,
now self-employed,
concerned (but powerless),
an empowered and informed member of society
(pragmatism not idealism),
will not cry in public,
less chance of illness,
tires that grip in the wet
(shot of baby strapped in back seat),
a good memory,
still cries at a good film,
still kisses with saliva,
no longer empty and frantic like a cat tied to a stick,
that's driven into frozen winter shit
(the ability to laugh at weakness),
calm,
fitter,
healthier and more productive
a pig in a cage on antibiotics.
 
Sample looping in background: [This is the Panic Office, section nine-seventeen may have been hit. Activate the following procedure.]
 
8月7日

Cambalache, por Enrique Santos Discépolo (1934)


Que el mundo fue y será una porquería
ya lo sé...
(¡En el quinientos seis
y en el dos mil también!).
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
valores y dublé...
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos
en un merengue
y en un mismo lodo
todos manoseaos...

¡Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor!...
¡Ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador!
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
que un gran profesor!
No hay aplazaos
ni escalafón,
los inmorales
nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
¡da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón!...

¡Qué falta de respeto, qué atropello
a la razón!
¡Cualquiera es un señor!
¡Cualquiera es un ladrón!
Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y "La Mignón",
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín...
Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remaches
ves llorar la Biblia
contra un calefón...

¡Siglo veinte, cambalache
problemático y febril!...
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil!
¡Dale nomás!
¡Dale que va!
¡Que allá en el horno
nos vamo a encontrar!
¡No pienses más,
sentate a un lao,
que a nadie importa
si naciste honrao!
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura
o está fuera de la ley...


6月24日

Carmina, por Catulo

 
Carmina VIII

miser Catulle. desinas ineptire.
et quod uides perisse perditum ducas.
fulsere quondam candidi tibi soles.
cum uentitabas quo puella ducebat
amata nobis quantum amabitur nulla. 5
ibi illa multa cum iocosa fiebant
quae tu uolebas nec puella nolebat
fulsere uere candidi tibi soles.
nunc iam illa non uult. tu quoque impotens noli
nec quae fugit sectare. nec miser uiue. 10
sed obstinata mente perfer. obdura.
uale puella. iam Catullus obdurat.
nec te requiret. nec rogabit inuitam.
at tu dolebis cum rogaberis nulla.
scelesta. uae te. quae tibi manet uita. 15
quis nunc te adibit. cui uideberis bella.
quem nunc amabis. cuius esse diceris.
quem basiabis. cui labella mordebis.
at tu Catulle desinatus obdura.

Carmina LVIII

odi et amo. quare id faciam fortasse requiris.
nescio. sed fieri sentio. et excrucior.
 

5月17日

Mientras por competir con tu cabello, por Luis de Góngora y Argote (1582)

 
Mientras por competir con tu cabello
Oro bruñido al sol relumbra en vano,
Mientras con menosprecio en medio el llano
Mira tu blanca frente al lilio bello;

Mientras a cada labio, por cogello,
Siguen más ojos que al clavel temprano,
Y mientras triunfa con desdén lozano
Del luciente cristal tu gentil cuello,

Goza cuello, cabello, labio y frente,
Antes que lo que fue en tu edad dorada
Oro, lilio, clavel, cristal luciente,

No sólo en plata o viola troncada
Se vuelva, más tú y ello juntamente
En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.
3月18日

Elegía, por Miguel Hernández

 
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería.)
 
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
 
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento.
a las desalentadas amapolas
 
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
 
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
 
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
 
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
 
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
 
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
 
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
 
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
 
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
 
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
 
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
 
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
 
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
 
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Para L.N.R. Con el corazón.

1月18日

I Don't Wanna Grow Up › Tom Waits › Bone Machine › 1992

 
When I'm lyin' in my bed at night
I don't wanna grow up
Nothin' ever seems to turn out right
I don't wanna grow up
How do you move in a world of fog
That's always changing things
Makes me wish that I could be a dog
When I see the price that you pay
I don't wanna grow up
I don't ever wanna be that way
I don't wanna grow up

Seems like folks turn into things
That they'd never want
The only thing to live for
Is today...
I'm gonna put a hole in my TV set
I don't wanna grow up
Open up the medicine chest
And I don't wanna grow up
I don't wanna have to shout it out
I don't want my hair to fall out
I don't wanna be filled with doubt
I don't wanna be a good boy scout
I don't wanna have to learn to count
I don't wanna have the biggest amount
I don't wanna grow up

Well when I see my parents fight
I don't wanna grow up
They all go out and drinking all night
And I don't wanna grow up
I'd rather stay here in my room
Nothin' out there but sad and gloom
I don't wanna live in a big old Tomb
On Grand Street

When I see the 5 o'clock news
I don't wanna grow up
Comb their hair and shine their shoes
I don't wanna grow up
Stay around in my old hometown
I don't wanna put no money down
I don't wanna get me a big old loan
Work them fingers to the bone
I don't wanna float a broom
Fall in love and get married then boom
How the hell did I get here so soon
I don't wanna grow up

Milk › Garbage › Garbage › 1995

 
I am milk
I am red hot ketchup
And I am cool
Cool as the deep blue ocean
 
I am lost
So I am cruel
But I'd be love and sweetness
If I had you
 
I'm waiting
I'm waiting for you
I'm waiting
I'm waiting for you
 
I am weak
But I am strong
I can use my tears to
Bring you home
 
I'm waiting
I'm waiting for you
I'm waiting
I'm waiting for you
I'm waiting
I'm waiting for you
 
I am milk
I am red hot ketchup
And I am cool
Cool as the deep blue ocean
 
I'm waiting
I'm waiting for you
I'm waiting
I'm waiting for you
 
I'm waiting
I'm waiting for you
I'm aching
I'm aching for you
 
I'm waiting
I'm waiting
I'm waiting for you

Sonatina, por Rubén Darío.

 
La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro;
y en un vaso olvidada se desmaya una flor.
 
El jardín puebla el triunfo de los pavos-reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y, vestido de rojo, piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.
 
¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las Islas de las Rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?
 
¡Ay! La pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar,
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo,
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
 
Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte;
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.
 
¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real,
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.
 
¡Oh quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste. La princesa está pálida)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe
(La princesa está pálida. La princesa está triste)
más brillante que el alba, más hermoso que abril!
 
-¡Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-,
en caballo con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con su beso de amor!
12月27日

...

 
Esperando que se muera.
12月13日

Calle 13 (ft. Café Tacvba) › No hay nadie como tú › Los de atrás vienen conmigo › 2008

 
En el mundo hay gente bruta y astuta,
hay vírgenes y prostitutas.
Ricos, pobres, clase media,
cosas bonitas y un par de tragedias.
Hay personas gordas, medianas y flacas,
caballos, gallinas, ovejas y vacas.
Hay muchos animales con mucha gente,
personas cuerdas y locos demente.
En el mundo hay mentiras y falsedades,
hechos, verdades y casualidades,
hay mentalidades horizontales, verticales y diagonales.
Derrotas y fracasos accidentales,
medallas, trofeos y copas mundiales.
En el mundo hay vitaminas y proteínas,
marihuana, éxstasis y cocaína.
Hay árboles, ramas, hojas y flores,
hay muchas montañas de colores.
En el mundo hay decisiones divididas,
entradas, salidas, debut, despedidas.
Hay inocentes, hay homicidas,
hay muchas bocas y poca comida.
Hay gobernantes y presidentes,
hay agua fría y agua caliente.
En el mundo hay micrófonos y altoparlantes,
hay seis mil millones de habitantes.
Hay gente ordinaria y gente elegante,
pero, pero, pero...

No hay nadie como tú
no hay nadie como tú mi amor,
No hay nadie como tú.

En el mundo siempre se mueve la tierra,
hay tanques de oxígeno, tanques de guerras.
El sol y la luna nos dan energía,
se duerme de noche y se vive de día.
Hay gente que rectifica lo que dice,
hay mucha gente que se contradice.
Hay algarrobas y alga marinas,
hay vegetarianos y carnicerías.
Hay tragos amargos y golosinas,
hay enfermedades y medicinas.
Hay bolsillos llenos, carteras vacías,
hay más ladrones que policías.
hay religiones, hay ateísmo,
hay capitalismo y comunismo.
Aunque nos parecemos no somos los mismos,
porque, porque...

No hay nadie como tú
no hay nadie como tú mi amor,
No hay nadie como tú.

En el mundo existen muy buenas ideas,
hay Don Quijotes y Dulcineas.
Hay sexo en el baño, sexo en la cama,
sexo sin ropa, sexo en pijama.
Hay cosas reales y melodramas,
hay laberintos y crucigramas.
Existen llamadas que nadie contesta,
hay muchas preguntas y pocas respuestas.
Hay gente valiente, gente con miedo,
gente que el mundo no le importa un bledo.
Gente parada, gente sentada,
gente soñando, gente despertando.
Hay gente que nace, gente que muere,
Hay gente que odia y gente que quiere.
En este mundo hay mucha gente,
pero, pero, pero...

No hay nadie como tú
no hay nadie como tú mi amor,
No hay nadie como tú.