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    June 27

    Carta a Luis D'Elía, por Fernando Peña.

     
    Luis D'Elía, mucho gusto:
     
    Otra vez soy yo, Fernando Peña. No me presento porque ya me conocés y te encargás de presentarme solo: que me odiás porque vivo en San Isidro, porque soy puto, porque mi vida es así y asá.
     
    Por suerte no estoy solo en tu odio: odiás a toda la gente que vos considerás -quisiera saber por qué- 'privilegiada', 'garca', 'oligarca' y en general, cualquiera de la clase media para arriba, es merecedora de tu odio. Inclusive distinguís por el color de piel.
     
    Por suerte soy pelado y castaño, si fuera rubio de ojos celestes sería más merecedor de odio todavía.
     
    Yo quería pedirte perdón.
     
    Perdón por no ser como vos. No todos podemos ganar $ 13.500 mensuales sin trabajar, como vos. No todos tenemos chofer (tres choferes, si no me informaron mal), no todos tenemos 2 autos a nuestra disposición, no todos podemos romper una comisaría y que ni siquiera un fiscal te cite a declarar porque tiene miedo. Tampoco todos tenemos la suerte que tenés vos de manejar cientos de planes sociales para manipular a los pobres, de tener viáticos por $ 100.000 al mes, de tener fondos para 'comunicación social' por $ 38.000 al mes.
     
    No todos manejamos gastos de protocolo por $ 30.000 al mes. No todos podemos pegarle a un ciudadano en la calle, cobardemente por la espalda (eso es de putos, te
    aviso), y al día siguiente estar sentado en el palco con la Presidenta, como ejemplo de ciudadano y civismo. Ojalá pudiéramos, así seríamos como vos y no nos odiarías.
     
    Perdón por ser diferente a vos. Es que algunos tenemos que trabajar ¿sabés? Vos pensá esto: la plata que ganás por mes sin trabajar, proviene de alguien que trabaja y paga los impuestos. De un maestro, de un laburante, de un 'garca', de un puto, de un pibe que vive en Barrio Norte, de un chacarero que vive en Santa Fe, de un kiosquero de Gonzalez Catán, y de mí, que laburo en una radio y pago mis impuestos.
     
    Por eso te pido que no me odies ni me quieras matar (¿te acordás cuando dijiste que 'los mataría a todos'?) porque si nos matás, ¿de dónde va a salir la plata que cobrás por mes?, ¿cómo te vas a mantener?, ¿con qué te vas a comprar las propiedades que estás amasando?, ¿quién te va a dar laburo?, ¿cómo vas a pagarte los pasajes aéreos para saludar a Chávez y a Evo y al presidente de Irán, al que defendés?. Pensalo. Matar al que te da de comer no es buen negocio.
     
    Te saludo, Fernando Peña.
     
    La información distribuida por mail agrega algunas cifras vinculadas a D'Elía.
     
    Esto es lo que gana por apretar:
     
    Sueldo mensual $ 13.585,20.
     
    Gastos de protocolo de la Subsecreteria (por mes) $ 39.112,20.
     
    Presupuesto para viáticos y desplazamiento interior del país (por mes) $ 114.082,13.
     
    Presupuesto para viajes por el Mercosur Ampliado (por mes) $ 92.246.
     
    Presupuesto para comunicación social (por mes) $ 31.242.
     
    Tiene 3 choferes.
     
    Tiene 2 (dos) vehículos de la subsecretaria.
     
    TOTAL POR MES QUE RECIBE ESTE AUDAZ CORTESANO: $ 290.267,55.
     
    Y POR AÑO NOS CUESTA A TODOS LOS ARGENTINOS LA FRIOLERA DE: $ 3.483.210,60 = 1 Millón de dólares anuales. ESTO ES LO QUE GANA EL 'SEÑOR PIQUETERO' LUIS
    ÁNGEL D'ELIA.
     
    Datos del Boletín Oficial de Febrero 2008 al cual Usted puede tener acceso.
     
    June 15

    Por Hegel.

     
    "La diferencia entre el hombre y la mujer es igual a la que existe entre el animal y la planta. El animal se asemeja al carácter del hombre, y la planta al de la mujer, porque su evolución consiste más bien en un tranquilo despliegue de energía, que tiene como principio la unidad indeterminada del sentimiento. Si las mujeres están al frente del gobierno, el Estado está en peligro, porque no actúan conforme a las demandas del público, sino que siguen inclinaciones y opiniones casuales. También las mujeres se están, de alguna manera, cultivando casi como si absorbiesen las ideas más a través de la vida que mediante la adquisición de conocimientos. El hombre, por otra parte, tiene que alcanzar su posición luchando por adquirir ideas y mediante enormes esfuerzos técnicos".
     
    'Filosofía del Derecho', G. W. Friedrich Hegel.
    June 07

    Carta abierta a Cristina Fernández de Kirchner, por Fernando Peña.

     
    Cristina, mucho gusto. Mi nombre es Fernando Peña, soy actor, tengo 45 años y soy uruguayo. Peco de inocente si pienso que usted no me conoce, pero como realmente no lo sé, porque no me cabe duda que debe de estar muy ocupada últimamente trabajando para que este país salga adelante, cometo la formalidad de presentarme. Siempre pienso lo difícil que debe ser manejar un país... Yo seguramente trabajo menos de la mitad que usted y a veces me encuentro aturdido por el estrés y los problemas. Tengo un puñado de empleados, todos me facturan y yo pago IVA, le aclaro por las dudas, y eso a veces no me deja dormir porque ellos están a mi cargo. ¡Me imagino usted! Tantos millones de personas a su cargo, ¡qué lío, qué hastío! La verdad es que no me gustaría estar en sus zapatos. Aunque le confieso que me encanta travestirme, amo los tacos y algunos de sus zapatos son hermosísimos. La felicito por su gusto al vestirse.
     
    Mi vida transcurre de una manera bastante normal: trabajo en una radio de siete a diez de la mañana, después generalmente duermo hasta la una y almuerzo en mi casa. Tengo una empleada llamada María, que está conmigo hace quince años y me cocina casero y riquísimo, aunque veces por cuestiones laborales almuerzo afuera. Algunos días se me hacen más pesados porque tengo notas gráficas o televisivas o ensayos, pruebas de ropa, estudio el guión o preparo el programa para el día siguiente, pero por lo general no tengo una vida demasiado agitada.
     
    Mi celular suena mucho menos que el suyo, y todavía por suerte tengo uno solo. Pero le quiero contar algo que ocurrió el miércoles pasado. Es que desde entonces mi celular no deja de sonar: Telefe, Canal 13, Canal 26, diarios, revistas, Télam... De pronto todos quieren hablar conmigo. Siempre quieren hablar conmigo cuando soy nota, y soy nota cuando me pasa algo feo, algo malo. Cuando estoy por estrenar una obra de teatro -mañana, por ejemplo- nadie llama. Para eso nadie llama. Llaman cuando estoy por morirme, cuando hago algún "escándalo" o, en este caso, cuando fui palangana para los vómitos de Luis D'Elía. Es que D'Elía se siente mal. Se siente mal porque no es coherente, se siente mal porque no tiene paz. Alguien que verbaliza que quiere matar a todos los blancos, a todos los rubios, a todos los que viven donde él no vive, a todos lo que tienen plata, no puede tener paz, o tiene la paz de Mengele.
    Le cuento que todo empezó cuando llamé a la casa de D'Elía el miércoles porque quería hablar tranquilo con él por los episodios del martes: el golpe que le pegó a un señor en la plaza. Me atendió su hijo, aparentemente Luis no estaba. Le pregunté sencillamente qué le había parecido lo que pasó. Balbuceó cosas sin contenido ni compromiso y cortó.
     
    Al día siguiente insistí, ya que me parecía justo que se descargara el propio Luis. Me saludó con un "¿qué hacés, sorete?" y empezó a descomponerse y a vomitar, pobre Luis, no paraba de vomitar. ¡Vomitó tanto que pensé que se iba a morir! Estaba realmente muy mal, muy descompuesto. Le quise recordar el día en el que en el cine Metro, cuando Lanata presentó su película Deuda, él me quiso dar la mano y fui yo quien se negó. Me negué, Cristina, porque yo no le doy la mano a gente que no está bien parada, no es mi estilo. Para mí, no estar bien parado es no ser consecuente, no ser fiel.
     
    Acepto contradicciones, acepto enojos, peleas, puteadas, pero no tolero a las personas que se cruzan de vereda por algunos pesos. No comparto las ganas de matar. El odio profundo y arraigado tampoco. Las ganas de desunir, de embarullar y de confundir a la gente tampoco. Cuando me cortó diciéndome: "Chau, querido...", enseguida empezaron los llamados, primero de mis amigos que me advertían que me iban a mandar a matar, que yo estaba loco, que cómo me iba a meter con ese tipo que está tan cerca de los Kirchner, que D'Elía tiene muuuucho poder, que es tremendamente peligroso. Entonces, por las dudas hablé con mi abogado. ¡Mi abogado me contestó que no había nada qué hacer porque el jefe de D'Elía es el ministro del Interior! Entonces sentí un poco de miedo. ¿Es así Cristina? Tranquilíceme y dígame que no, que Luis no trabaja para usted o para algún ministro. Pero, aun siendo así, mi miedo no es que D'Elía me mate, Cristina; mi miedo se basa en que lo anterior sea verdad. ¿Puede ser verdad que este hombre esté empleado para reprimir y contramarchar? ¿Para patotear? ¿Puede ser verdad? Ése es mi verdadero miedo. De todos modos lo dudo.
     
    Yo soy actor, no político ni periodista, y a veces, aunque no parezca, soy bastante ingenuo y estoy bastante desinformado. Toda la gente que me rodea, incluidos mis oyentes, que no son pocos, me dicen que sí, que es así. Eso me aterra. Vivir en un país de locos, de incoherentes, de patoteros. Me aterra estar en manos de retorcidos maquiavélicos que callan a los que opinamos diferente. Me aterra el subdesarrollo intelectual, el manejo sucio, la falta de democracia, eso me aterra Cristina. De todos modos, le repito, lo dudo.
     
    Pero por las dudas le pido que tenga usted mucho cuidado con este señor que odia a los que tienen plata, a los que tienen auto, a los blancos, a los que viven en zona norte. Cuídese usted también, le pido por favor, usted tiene plata, es blanca, tiene auto y vive en Olivos. A ver si este señor cambia de idea como es su costumbre y se le viene encima. Yo que usted me alejaría de él, no lo tendría sentado atrás en sus actos, ni me reuniría tan seguido con él.
     
    De todas maneras, usted sabe lo que hace, no tengo dudas. No pierdo las esperanzas, quiero creer que vivo en un país serio donde se respeta al ciudadano y no se lo corre con otros ciudadanos a sueldo; quiero creer que el dinero se está usando bien, que lo del campo se va a solucionar, que podré volver a ir a Córdoba, a Entre Ríos, a cualquier provincia en auto, en avión, a mi país, el Uruguay... por tierra algún día también.
     
    Quiero creer que pronto la Argentina, además de los cuatro climas, Fangio, Maradona y Monzón, va a ser una tierra fértil, el granero del mundo que alguna vez supo ser, que funcionará todo como corresponde, que se podrá sacar un DNI y un pasaporte en menos de un mes, que tendremos una policía seria y responsable, que habrá educación, salud, piripipí piripipí piripipí, y todo lo que usted ya sabe que necesita un país serio. No me cabe duda de que usted lo logrará. También quiero creer que la gente, incluso mis oyentes, hablan pavadas y que Luis D'Elía es un señor apasionado, sanguíneo, al que a veces, como dijo en C5N, se le suelta la cadena. Esa nota la vio, ¿no? Quiero creer, Cristina, que Luis es solamente un loco lindo que a veces se va de boca como todos. Quiero creer que es tan justiciero que en su afán por imponer justicia social se desborda y se desboca. Quiero creer que nunca va a matar a alguien y que es un buen hombre. Quiero creer que ni usted ni nadie le pagan un centavo. Quiero creer que usted le perdona todo porque le tiene estima. Quiero creer que somos latinos y por eso un tanto irreverentes, a veces también agresivos y autoritarios. Quiero creer que D'Elía no me odia y que, la próxima vez que me lo cruce en un cine o donde sea, me haya demostrado que es un hombre coherente, trabajador decente con sueldo en blanco y buenas intenciones.
     
    Cuando todo eso suceda, le daré la mano a D'Elía y gritaré: "Viva Cristina"... Cuántas ganas tengo que todo eso suceda. ¿Estaré pecando de inocente e ingenuo otra vez? Espero que no.
     
    La saluda cordialmente, Fernando Peña.
     
    Fuente: asterisco.tv
     

    El «block» maravilloso, por Sigmund Freud, 1924 [1925].

     
    Traducción: Luis López Ballesteros.
     
    Cuando desconfiamos de nuestra memoria —desconfianza que alcanza gran
    intensidad en los neuróticos, pero que también está justificada en los normales— podemos
    complementar y asegurar esta función por medio de anotaciones gráficas. La superficie que
    conserva estas anotaciones, pizarra, u hoja de papel, es entonces como una parte
    materializada del aparato mnémico que llevamos, invisible, en nosotros. Nos bastará, pues,
    saber el lugar en el que se halla el «recuerdo» así fijado para poderlo «reproducir» a
    voluntad, con la certeza de que ha permanecido invariable, habiendo eludido así las
    deformaciones que quizá hubiese sufrido en nuestra memoria.
     
    Pero cuando queremos servirnos ampliamente de esta técnica para perfeccionar
    nuestra función mnémica, advertimos que podemos poner en práctica dos distintos
    procedimientos. Podemos, primeramente, elegir una superficie que conserve intacta,
    durante mucho tiempo, la anotación a ella confiada; esta es, una hoja de papel sobre la que
    escribiremos con tinta, obteniendo así una «huella mnémica permanente». La desventaja de
    este procedimiento consiste en que la capacidad de la superficie receptora se agota pronto.
    La hoja de papel no ofrece ya lugar para nuevas anotaciones, y nos vemos obligados a
    tomar otras nuevas. Por otro lado, la ventaja que este procedimiento nos ofrece al
    procurarnos una «huella permanente» puede perder para nosotros su valor cuando, al cabo
    de algún tiempo, deja de interesarnos lo anotado y no queremos ya «conservarlo en la
    memoria». El segundo procedimiento no presenta estos defectos. Si escribimos, por
    ejemplo, con tiza sobre una pizarra, tendremos una superficie de capacidad receptora
    ilimitada, de la que podremos borrar las anotaciones en cuanto cesen de interesarnos, sin
    tener por ello que destruirla o tirarla. El inconveniente está aquí en la imposibilidad de
    conservar una huella permanente, pues al querer inscribir en la pizarra cubierta ya de
    anotaciones alguna nueva, tenemos que borrar parte de las anteriores. Así pues, en; los
    dispositivos con los cuales sustituimos nuestra memoria, parecen excluirse,: entre sí, la
    capacidad receptora ilimitada y la conservación de huellas permanentes; hemos de renovar
    la superficie receptora o destruir las anotaciones.
     
    Los aparatos auxiliares que hemos inventado para perfeccionar o intensificar
    nuestras funciones sensoriales están todos construidos a semejanza del órgano sensorial
    correspondiente o de un parte del mismo (lentes, cámaras fotográficas, trompetillas, etc.).
    Desde este punto de vista, los dispositivos auxiliares de nuestra memoria parecen muy
    defectuosos, pues nuestro aparato anímico realiza precisamente lo que aquéllos no pueden.
    Presenta una ilimitada capacidad receptora de nuevas percepciones y crea, además, huellas
    duraderas, aunque no invariables, de las mismas. Ya en La interpretación de los sueños
    (1900) expusimos la sospecha de que esta facultad, poco común, correspondía a la función
    de dos distintos sistemas (órganos del aparato anímico). Poseeríamos un sistema encargado
    de recibir las percepciones, pero no de conservar de ellas una huella duradera,
    conduciéndose así, con respecto a cada nueva percepción, como una cuartilla intacta. Tales
    huellas permanentes de los estímulos cogidos surgirían luego en los «sistemas mnémicos»
    situados detrás del sistema receptor. Más tarde (Más allá del principio del placer)
    agregamos la observación de que el fenómeno inexplicable de la conciencia nace en el
    sistema perceptor en lugar de las huellas duraderas.
     
    Hace poco tiempo ha surgido en el comercio, con el nombre de «block
    maravilloso», un objeto que parece prometer mayor utilidad que la hoja de papel o la
    pizarra. No pretende ser más que un memorándum del cual pueden borrarse cómoda y
    sencillamente las anotaciones. Pero si lo observamos más detenidamente encontramos en su
    construcción una singular coincidencia con la estructura por nosotros supuesta de nuestro
    aparato perceptor y comprobamos que puede, en efecto, ofrecernos las dos cosas: una
    superficie receptora siempre pronta y huellas permanentes de las anotaciones hechas.
    El block maravilloso es una lámina de resina o cera de color oscuro, encuadrada en
    un marco de papel y sobre la cual va una fina hoja transparente, sujeta en su borde superior
    y suelta en el inferior. Esta hoja es la parte más interesante de todo el aparato. Se compone,
    a su vez, de dos capas separables, salvo en los bordes transversales. La capa superior es una
    lámina transparente de celuloide, y la inferior, un papel encerado muy delgado y
    translúcido. Cuando el aparato no es empleado, la superficie interna del papel encerado
    permanece ligeramente adherida a la cara superior de la lámina de cera.
     
    Para usar este block maravilloso se escribe sobre la capa de celuloide de la hoja que
    cubre la lámina de cera. Para ello no se emplea lápiz ni tiza, sino como en la antigüedad, un
    estilo o punzón. Pero en el block maravilloso, el estilo no graba directamente la escritura
    sobre la lámina de cera, sino por mediación de la hoja que la recubre, adhiriendo a la
    primera, en los puntos sobre los que ejerce presión, la cara interna del papel encerado, y los
    trazos así marcados se hacen visibles en un color más oscuro, en la superficie grisácea del
    celuloide. Cuando luego se quiere borrar lo escrito basta separar ligeramente de la lámina
    de cera la hoja superior, cuyo borde inferior queda libre. El contacto establecido por la
    presión del estilo entre el papel encerado y la lámina de cera, contacto al que se debía la
    visibilidad de lo escrito, queda así destruido, sin que se establezca de nuevo al volver a
    tocarse ambos, y el block maravilloso aparece otra vez limpio y dispuesto a acoger nuevas
    anotaciones.
     
    Las pequeñas imperfecciones de este objeto no presentan, naturalmente, para
    nosotros interés alguno, puesto que nuestra intención no es sino perseguir sus coincidencias
    con la estructura de nuestro aparato anímico perceptor.
     
    Si después de escribir sobre el block maravilloso separamos con cuidado la hoja de
    celuloide de la de papel encerado, seguimos viendo lo escrito sobre la superficie de este
    último y podemos preguntarnos qué utilidad ha de tener la hoja de celuloide. Pero en
    seguida advertimos que el papel encerado se rasgaría o se arrugaría si escribiésemos
    directamente sobre él con el estilo. La hoja de celuloide es, por tanto, una cubierta
    protectora del papel encerado, destinada a protegerle de las acciones nocivas ejercidas
    sobre él desde el exterior. El celuloide es un <dispositivo protector contra las excitaciones»,
    y la capa que las acoge es propiamente el papel. Podemos ya recordar aquí que en Más allá
    del principio del placer expusimos que nuestro aparato perceptor se componía de dos capas:
    una protección exterior contra los estímulos, encargada de disminuir la considerable
    magnitud de los mismos, y bajo ella, la superficie receptora.
     
    La analogía no tendría mucho valor si terminase aquí. Pero aún va más lejos. Si
    levantamos toda la cubierta -celuloide y papel encerado-, separándola de la lámina de cera,
    desaparece definitivamente lo escrito. La superficie del block queda limpia y dispuesta a
    acoger nuevas anotaciones. Pero no es difícil comprobar que la huella permanente de lo
    escrito ha quedado conservada sobre la lámina de cera, siendo legible a una luz apropiada.
    Así pues, el block no ofrece tan sólo una superficie receptora utilizable siempre de nuevo,
    como la pizarra, sino que conserva una huella permanente de lo escrito, como la hoja de
    papel. Resuelve el problema de reunir ambas facultades distribuyéndolas entre dos
    elementos _sistemas_ distintos, pero enlazados entre sí. Coincide, pues, exactamente, con la
    hipótesis antes citada sobre la estructura de nuestro aparato anímico perceptor. La capa que
    acoge los estímulos no conserva su huella permanente, y los fundamentos de nuestra
    memoria nacen en otro sistema vecino. No debe preocuparnos aquí que las huellas
    permanentes de las anotaciones recibidas no sean ya utilizadas en el block maravilloso.
    Basta que exista. Alguna vez ha de concluir la analogía de tal aparato auxiliar con el órgano
    que copia. El block maravilloso no puede tampoco «reproducir» las inscripciones borradas
    «desde el interior». Sería realmente maravilloso si pudiera hacerlo así, como nuestra
    memoria. De todos modos no nos parece muy aventurado comparar la cubierta compuesta
    por el celuloide y el papel encerado con el sistema receptor de los estímulos y su
    dispositivo protector; la lámina de cera, con el sistema inconsciente situado detrás de él, y
    la aparición y desaparición de lo escrito, con la conducta correspondiente de la conciencia
    en cuanto a las percepciones. Pero, además, confieso que me siento inclinado a llevar más
    allá la comparación.
     
    En el block maravilloso, la escritura desaparece cada vez que suprimimos el
    contacto entre el papel receptor del estímulo y la lámina de cera que guarda la impresión.
    Esta circunstancia coincide con una idea que hace tiempo nos hemos formado sobre el
    funcionamiento del aparato psíquico perceptor, pero que nunca habíamos aún expuesto.
    Hemos supuesto que desde el interior son constantemente enviadas al sistema perceptor y
    retiradas de él inervaciones de carga psíquica. En tanto que el sistema se mantiene investido
    de energía psíquica recibe las percepciones acompañadas de conciencia y transmite el
    estímulo a los sistemas mnémicos inconscientes. Pero cuando la carga de energía psíquica
    es retraída de él, se apaga la conciencia y cesa la función del sistema. Es como si lo
    inconsciente destacase, por medio del sistema receptor y hacia el mundo exterior, unos
    sensibles tentáculos y los retrajese una vez comprobados los estímulos. En nuestra hipótesis
    adscribimos las interrupciones que en el block maravilloso provoca una acción exterior al
    efecto de una discontinuidad de las inervaciones, y en lugar de una supresión real del
    contacto suponemos una insensibilidad periódica del sistema perceptor. Por último,
    suponemos también que este funcionamiento discontinuo del sistema perceptor constituye
    la base de la idea del tiempo.
     
    Si se imagina que mientras una mano escribe en el block maravilloso hay otra que
    levanta periódicamente la cubierta, se tendrá una idea de la forma en que por nuestra parte
    hemos tratado de representar la función de nuestro aparato psíquico perceptor.
     
     
    June 05

    Carta de Albert Einstein a Franklin D. Roosevelt

     
    Albert Einstein
    Old Grove Rd.
    Nassau Point
    Peconic, Long Island
     
    2 de Agosto de 1939
     
    F. R. Roosevelt
    President of the United States
    White House
    Washington, D.C.
     
    Señor;
    Algunos recientes trabajos de E. Fermi y L. Szilard, quienes me han sido comunicados mediante manuscritos, me llevan a esperar, que en el futuro inmediato, el elemento uranio puede ser convertido en una nueva e importante fuente de energía.  Algunos aspectos de la situación que se han producido parecen requerir mucha atención y, si fuera necesario, inmediata acción de parte de la Administración.  Por ello creo que es mi deber llevar a su atención los siguientes hechos y recomendaciones.
    En el curso de los últimos cuatro meses se ha hecho probable -a través del trabajo de Loiot en Francia así como también de Fermi y Szilard en Estados Unidos- que podría ser posible el iniciar una reacción nuclear en cadena en una gran masa de uranio, por medio de la cual se generarían enormes cantidades de potencia y grandes cantidades de nuevos elementos parecidos al uranio.  Ahora parece casi seguro que esto podría ser logrado en el futuro inmediato.
     
    Este nuevo fenómeno podría utilizado para la construcción de bombas, y es concebible -pienso que inevitable- que pueden ser construidas bombas de un nuevo tipo extremadamente poderosas.  Una sola bomba de ese tipo, llevada por un barco y explotada en un puerto, podría muy bien destruir el puerto por completo, conjuntamente con el territorio que lo rodea.  Sin embargo, tales bombas podrían ser demasiado pesadas para ser transportadas por aire.
    Los Estados Unidos tiene muy pocas minas de uranio, con vetas de poco valor y en cantidades moderadas.  Hay muy buenas vetas en Canadá y en la ex-Checoslovaquia, mientras que la fuente más importante de uranio está en el Congo Belga.
     
    En vista de esta situación usted podría considerar que es deseable tener algún tipo de contacto permanente entre la Administración y el grupo de físicos que están trabajando en reacciones en cadena en los Estados Unidos.  Una forma posible de lograrlo podría ser comprometer en esta función a una persona de su entera confianza quien podría tal vez servir de manera extra oficial.  Sus funciones serían las siguientes:
     
    a) Estar en contacto con el Departamento de Gobierno, manteniéndolos informados de los próximos desarrollos, y hacer recomendaciones para las acciones de Gobierno, poniendo particular atención en los problemas de asegurar el suministro de mineral de uranio para los Estados Unidos.
     
    b) acelerar el trabajo experimental, que en estos momentos se efectúa con los presupuestos limitados de los laboratorios de las universidades, con el suministro de fondos.   Si esos fondos fueran necesarios con contactos con personas privadas que estuvieran dispuestas a hacer contribuciones para esta causa, y tal vez obteniendo cooperación de laboratorios industriales que tuvieran el equipo necesario.
     
    Tengo entendido que Alemania actualmente ha detenido la venta de uranio de las minas de Checoslovaquia, las cuales han sido tomadas.  Puede pensarse que Alemania ha hecho tan claras acciones, porque el hijo del Sub Secretario de Estado Alemán, von Weizacker, está asignado al Instituto Kaiser Wilheln de Berlín, donde algunos de los trabajos americanos están siendo duplicados.
     
    Su Seguro Servidor,
    A. Einstein